Pobreza y diversidad funcional: una realidad de la que se empieza a hablar

A veces la realidad se empeña en darme más y más razones para seguir haciendo mi trabajo, arrancar a la sociedad más Derechos Humanos para las personas con discapacidad. Pero, desafortunadamente, las lecciones son cada vez más y más dolorosas y el deseo de llegar a tener que escribir ciencia ficción es cada vez más y más intenso, pero más y más lejano. Me explico.

Publicado en: DIARIO PROGRESISTA.

Pobreza y discapacidad

Según un artículo del reportero Phil Hay, en la página web del Banco Mundial los esfuerzos para combatir la pobreza de las personas con discapacidad en el mundo se deben dirigir a combatir estas causas:

Las personas discapacitadas se ven excluidas de la vida social y económica, por lo que suelen quedar al margen de las medidas destinadas combatir la pobreza;

Esta exclusión no sólo las afecta a ellas, sino también a sus familias y comunidades;

La discapacidad y la pobreza forman un círculo vicioso. A menudo la pobreza lleva a la discapacidad, la cual atrapa luego a las personas en la pobreza;

Los discapacitados también corren un mayor riesgo de contagiarse con VIH/SIDA debido al abuso físico, a la falta de intervenciones y de actividades de extensión adecuadas en materia de prevención.

En cada país, la forma de afectar es distinta, pero eso sería objeto de otro artículo más extenso.

Si hacemos un “zoom” y aterrizamos en nuestro país, nos encontramos con un estudio de La Fundación La Caixa, publicado, entre otras personas por el sociólogo Carlos Pereda. En ese estudio, se hace hincapié en la Sanidad Pública. Como ya sabemos, según la definición de discapacidad de la OMS, la enfermedad puede ser causa de discapacidad, aunque no la única. Por lo tanto, según Pereda y sus colegas a menos acceso a la Sanidad mayor posibilidad de tener discapacidad.

A todo esto, hay que añadir:

  • La baja formación de las personas con discapacidad. Recordemos que hay casi un 10% de personas con discapacidad analfabetas y menos de 12% son universitarias.
  • Las pocas oportunidades de estas personas en el mercado de trabajo debido a la naturaleza propia del sistema.

En fin, como dice Phil Hay, es un círculo vicioso, o como dirían los chicos de La Mandrágora: “Eso mismo fue lo que yo le pregunté”.

Pero… ¿Y cual es el motivo de hablar de eso ahora? Estoy seguro que mis lectoras ya imaginan la respuesta. No había que preocuparse de la mujer cuando era un objeto, pero si cuando empezó a ser un sujeto activo.

Es muy sencillo: Ahora, existimos. Y cuando existimos fuera del tradicional colchón familiar y/o religioso es cuando se empieza a hablar de nosotras y nosotros. Hasta ahora, nuestra familia o la caridad cristiana se ocupaba de las personas con discapacidad; pero al prolongarse nuestra esperanza de vida y al mejorar nuestra calidad de vida, es cuando pasamos a formar parte activa de la sociedad y por lo tanto, hay que estudiar las cifras de nuestra actividad.

Pero me temo que poco o nada las importará a personas, como cierto compañero de instituto de un servidor, que deambula con su parálisis cerebral y una considerable borrachera por las calles de mi ciudad por no tener un techo bajo el que dormir por no poder pagar su hipoteca; por otro lado sus familias no pueden o no quieren ayudarles. Este artículo va por ellos y ellas, al menos que por una vez en sus vidas piten sus oídos, que alguien les recuerde.

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Bibliografía

  1. Hay, P. El Banco Mundial y la Discapacidad. Marzo de 2005.
    http://www.bancomundial.org/temas/resenas/discapacidad.htm
  2. Flotats, A. La discapacidad se ceba en los hogares mileuristas. 13 de enero de 2012, Diario Publico.
    http://www.publico.es/espana/416607/la-discapacidad-se-ceba-en-los-hogares-mileuristas