Mi carrera de obstáculos

   
yo de rubiaMucho se habla de las barreras arquitectónicas más visibles, pero 
hay otras barreras que minan más los ánimos y la confianza de una 
persona. Mi nombre es María del Mar Molpeceres Molpeceres y estos son 
los obstáculos a los que a mis casi 50 años me enfrento cada día.

    Para empezar, hasta los 30 años no tuve conciencia de mi propia 
discapacidad, secuelas de parálisis cerebral infantil,  debido a problemas para aceptarla por parte de la familia. Hasta entonces mi autoconcepto y consecuentemente el concepto que reflejaba de mí es 
el de una persona sin discapacidad lenta y rara. Actualmente, he tomado 
conciencia de mi realidad, pero algunas personas  siguen 
tratándome de forma extraña y sigo encontrandome multiples 
obstáculos en mi vida.

    Parece ser que la silla de ruedas y las barreras es algo que la gente 
ya ha sumido con más o menos naturalidad, pero cuando se trata de 
barreras menos perceptibles, la cosa cambia, la gente puede ver un 
bordillo o unas escaleras, pero se ponen de los nervios al oírme 
hablar, no tienen ni la mitad de paciencia que con quien tiene que subir 
un bordillo o una escalera.

    Esto mismo me pasa cuando necesito ayuda física para realizar tareas 
sencillas, la gente cree que por andar sola no tengo ningún problema, 
cuando una mínima desigualdad en la acera me hace perder el equilibrio 
y  acabo en el suelo. Lo peor es que una vez allí, algunas personas se 
niegan a ayudarme al pensar que me he tirado yo, que les voy a pedir 
dinero o que estoy bajo los efectos del alcohol o las drogas.

    Esto  afecta también a mi credibilidad, ya que la gente tiene una idea 
ya formada de mí y tengo la impresión de que todo lo que diga no va 
ser tomado en consideración.

    Estas son las barreras que me encuentro día a día en mi vida. Como 
veis, con un poco de consideración y un mínimo de respeto se puede solucionar

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