El Tercer Sector Social: El cazador, cazado

Víctor Villar Epifanio - Presidente de Unidad Progresista de Apoyo a la Dependencia y la DiscapacidadEd. Diario Progresista, 27 de febrero de 2014

Cuando alguien juega con fuego, se acaba quemando. Esto es lo que les ha pasado a las organizaciones sociales/empresariales que conforman el CERMI. O en otras palabras. El diablo no hace negocios para perder, al final te deja sin alma y sin dinero. Me explico.

Hace aproximadamente una década, en el mundo asociativo, se impuso con fuerza el término: Tercer Sector Social. Esta nomenclatura venía a ser la cara amable del capitalismo, su cara social. Este concepto venía a unir teorías de organización empresarial como la Escuela de Relaciones Humanas, o la “doctrina Super Lopez”, al mundo social. Esto dio como resultado lo que se dio a llamar la “responsabilidad social de la empresa”, al calor de la cual y de sus subvenciones, junto las de las Administraciones nace el llamado Tercer Sector. Se trata de aplicar una lógica empresarial a las entidades sociales, aunque no exista ánimo de lucro como tal, pero si una plantilla e instalaciones que mantener.

A partir de ahí hubo un idilio entre el mundo empresarial, el cual lavaba su imagen; el mundo social, el cual veía sus estructuras crecer y crecer y tenía una falsa sensación de “Lobby”; y las distintas Administraciones del Estado, que veían como sus Presupuestos en las partidas sociales y sus responsabilidades se veían aliviadas. Todo esto funcionó, haciendo una autocrítica a mi propio partido, mientras la cosa se mantenía dentro de un liberalismo social, o una externalización subvencionada. El capitalismo “buenrollista” alimentaba a una administración paralela, la cual prestaba servicios y creaba falsos directivos que jugaban a ser pseudoejecutivos sociales y se creían “tiburones”, aumentando a la par su autoestima y su cuenta corriente.

El mayor problema llega, cuando el negocio empieza a ser jugoso y los verdaderos “Tiburones” huelen la sangre en forma de necesidades primarias de las personas en situación de dependencia y las personas con discapacidad. Si a esto le unimos un Gobierno neoliberal, tenemos el fin del juego de los amateur y la llegada de los auténticos profesionales de la empresa imponiendo sus principios de ánimo de lucro y rentabilidad económica.

En este contexto, leo que el CERMI se queja amargamente del nuevo anteproyecto de modificación de la Ley General de Subvenciones que prepara el PP, asegurando que es una “amenaza para el Tercer Sector”. En este momento, a este “loco politizado” se le escapa una sonrisa al ver como el tiempo le da la razón.  Esta sonrisa, no es una risotada bravucona, ya no me quedan fuerzas y ganas para ello, además está mucho en juego;  es la sonrisa calmada y serena de quien preveía lo que iba a pasar. Solamente espero que esta vez aprendamos y veamos la discapacidad y la dependencia como lo que es, un asunto político, una cuestión de Estado y no empresarial.